El hammam marroquí: ritual y beneficios
Lugar secular en Marruecos, el hammam es un auténtico espacio de purificación del cuerpo y del alma, pero también es el lugar de todos los encuentros: allí donde los hombres, separados de las mujeres, hablan de sus vidas, presentan a sus hijos y forjan amistades.
Es un baño de calor húmedo, muy distinto de la sauna, que se basa en el calor seco. También es diferente del baño turco, que se hace casi por completo con vapor. El hammam marroquí se calienta mediante un sistema de serpentín hasta media altura. A diferencia del baño turco, es húmedo pero no está saturado de humedad.
Inspirado en las termas romanas que los árabes descubrieron durante la conquista de Siria, el hammam se compone hoy a menudo de una sola sala, o de dos para la exfoliación. Sin embargo, esa es su versión reducida, la que conocemos actualmente. Tradicionalmente cuenta con varias salas (un mínimo de 3) que van aumentando de temperatura hasta llegar a la más caliente, a 50 °C. El objetivo es avanzar por estas salas acostumbrando el cuerpo a un calor progresivamente más intenso.
El hammam marroquí, un ritual de belleza con múltiples beneficios
Para aprovechar los beneficios del hammam, permanece en él un mínimo de 30 minutos y un máximo de 1 hora, descansando y tumbándote en el suelo o en los bancos. Durante ese tiempo, una Tiaba (nombre de las mujeres que realizan las exfoliaciones en los hammams) aplica el jabón negro marroquí por todo el cuerpo. Después, tras un tiempo de reposo de unos quince minutos, la Tiaba aclara el jabón negro; con un guante exfoliante granuloso, frota a continuación el cuerpo para retirar las impurezas.
Gracias a estas diferentes etapas se produce una auténtica exfoliación profunda que, para las novatas, resulta a veces increíble por la cantidad de piel muerta que se desprende. Tras un aclarado completo, aplica el ghassoul natural, tierra arcillosa de Marruecos, sobre el cuerpo y el cabello. Excelente producto lavante, el ghassoul limpia definitivamente el cuerpo y lo deja flexible y suave.
Después de estos cuidados, un masaje nutritivo permite alimentar la piel, y el pequeño extra que nunca falta es el té con menta, para rematar este momento de una calma incomparable.
